El cortijo particular de la presidenta madrileña
El PP quiere privatizar Telemadrid, pero eso ya lo hace Aguirre cada día
Propone el PP madrileño la privatización de Telemadrid. La cuestión será debatida en el Congreso popular de finales de septiembre. Para alcanzar ese objetivo habría que modificar la legislación estatal vigente en esta materia, lo que parece altamente improbable por no decir imposible, atendida la actual correlación de fuerzas en el Congreso de los Diputados. Y aun así, habría que recordarle a la lideresa que, gobernando José María Aznar –la segunda legislatura con mayoría absoluta- eludió abrir la puerta a la privatización de las televisiones públicas.
Esta noticia sobre Telemadrid, sin embargo, provoca una gran sorpresa. ¿Cómo Esperanza Aguirre –que cualquier día de éstos anuncia su propósito de privatizar también el Museo del Prado, la Puerta del Sol o el Parque del Retiro- intenta privatizar Telemadrid ahora, si ya la privatizó de facto, lo que se nota cada día, inmediatamente después de haber sido proclamada presidenta de la Comunidad de Madrid?
En una cacharrería
Telemadrid dejó de ser una televisión pública entonces, cuando doña Espe irrumpió en esa emisora como lo hubiera hecho un elefante en una cacharrería. La fue convirtiendo, con la tozudez que caracteriza a la presidenta madrileña, en una plataforma mediática al servicio de sus intereses ideológicos, políticos y personales. No respetó –ni siquiera formalmente- los cánones mínimos de una televisión pagada con el dinero de todos los ciudadanos. Todo lo contrario: se ha dedicado -con ejemplar esmero- a macharcarlos.
Un neocon en la corte
No se inmutó ante las reiteradas protestas de los trabajadores, incluidas numerosas huelgas. Despidió por tibio a Germán Yanke, lo que fue interpretado como un inequívoco aviso a navegantes despistados. Puso en su lugar a Fernando Sánchez Dragó, quien diseñó para su presidenta un traje a la medida, aunque acabó yéndose [pero es probable que vuelva pronto y como gran estrella] porque hubo demasiados rotos y algunos descosidos. Desde hace poco está Germán Tersch, otro periodista neocon en la corte mediática de la princesa Esperanza.
Hace y deshace
Aguirre hizo y deshizo. Hace y deshace. El pluralismo brilla por su ausencia y la tendenciosidad de sus informativos –salvo honorables excepciones- sólo es semejante a la de Canal Nou, la televisión del PP valenciano, primero con Zaplana y luego con Camps, tanto monta, monta tanto. La senadora Beatriz Elorriaga –un apellido dinástico que va del franquismo al PP- manifestó el viernes pasado que el Partido Popular "está en contra de los medios de titularidad pública" y aseveró como dogma genovés que la información debe estar "en manos de la iniciativa privada". Tendría que saber Elorriaga que en el Reino Unido, ni Margaret Thatcher llegó tan lejos. Y es que una de las joyas de la Corona británica es la BBC, que es una radio y una televisión en manos públicas. ¿Puede asombrar a alguien que uno de los periodistas más afines a Aguirre sea Federico Jiménez Losantos?
El prestigio de antaño
La fiebre liberalizadora de Aguirre ha conseguido deteriorar el prestigio logrado antaño por Telemadrid desde que fue creada por el Gobierno Leguina y, años después, gestionada por el Gobierno Gallardón. La televisión pública de la Comunidad de Madrid ha pasado a ser, en todo caso, el cortijo particular de doña Espe, especialista en privatizaciones y, sobre todo, en cortijos.
Enric Sopena, El Plural

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